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Principito desencantado

Historias de un principito sin reino y sin princesa

Sé que hoy es domingo

02 junio 2013
Siempre me decías que te llamaba los domingos. Hoy lo es. No te llamo porque no debo llamarte y porque hacerlo no sería bueno ni para ti ni para mí. Eso sí, ganas todas. 

Hoy estuve en La Vieja Estación. Quizá ese nombre a ti no te diga nada pero a mí muchas cosas. Te recordé no hace tanto tiempo disfrazada de Caperucita, sonriendo, disfrutando, queriendo besar al lobo, ese lobo que poco después tanto te haría llorar, ese lobo que ahora mismo llora mientras escribe. No sé por qué recordé ese momento pero perdí absolutamente el sentido de donde estaba. Incluso alguien me tuvo que decir si estaba bien. Sí, contesté. Mentí.

Llevo unas semanas haciéndome daño. Recordándote, buscándote, comparándote... intentando encontrar quizá a alguien como tú pero no a quinientos kilómetros de distancia. Es tan difícil... No hay nadie como tú, tan inteligente, tan crítica, tan comprometida, tan perfecta, que me aportara tantas cosas... y qué decir de ti, con esos labios, esa sonrisa, esos ojos... me gustas/gustabas tanto!!!, lo sabes ¿no? A veces pienso, por qué son tan difíciles las cosas. O, por qué las hice yo tan difíciles? Creo que hay un poco de todo. Me siento cobarde y sobre todo culpable. Yo era feliz!!! Tú me rescataste del desencanto para ser feliz!!! Y te dejé escapar... Cuánto daría por volver a ese mes de julio de 2012 y haber estado a tu lado y haber hecho las cosas como debía hacerlas...

Después, las dudas. Siempre la distancia y mi cabeza de por medio. Pensé y sigo pensando que yo no quiero/quería una relación a distancia. Es algo difícil, complicado y que desgasta mucho. Quería vivir contigo, tú y yo, y lo quería ya. La opción más sencilla era irme allí pero realmente nunca me lo llegué a plantear. Con el tiempo, pensándolo fríamente, podía haberlo intentado, no tenía nada aquí que me atase y podía haber llegado a ser muy feliz. La otra opción era esperar. Al menos dos años. Se me hacía tan cuesta arriba... No podía, no podía. Ufff... estoy tan arrepentido...

Escribo esto, porque como dije al principio, no puedo decírtelo, nos haría mucho daño. También pienso muchas veces en el último día que nos vimos. Creo sinceramente que te precipitaste. El miedo es lógico y humano. Mi miedo. Te entiendo porque era la tercera vez que dudaba y la tercera vez que tú me diste otra oportunidad. Pero... estaba decidido a intentarlo. Te recuerdo/nos recuerdo, allí, los dos, llorando desconsoladamente, mirándote cómo me decías adiós a través de la ventana, llorando, con tu camisa de cuadros y tus vaqueros desde el sexto piso. Fue durísimo. Estuve llorando hasta Puçol. Saber que quizá no vuelva a verte nunca, a escuchar tu risa, a ver tu pelo al viento en un atardecer mágico en la albufera de Valencia... A veces sueño con despertar contigo, en otro lugar, quizá otro país, solos, juntos, sin que nadie nos moleste. Ser felices, envejecer, dar paseos de la mano, leer a Paul Auster, quizá tener un hijo...

Soy muy pesimista y mi contexto no ayuda. Cada vez estoy más solo y tengo miedo a acabar así. ¿Quizá por eso me aferro tanto a tu recuerdo? Yo creo que no, creo que eso influye pero no lo suficiente. Me marcaste, has dejado más huella en mi estando juntos tan solo unos pocos días que amarillo en más de un año. Es tan duro! Ya ni me acordaba. Y qué impotencia! Cómo me gustaría poder abrazarte en este momento! Te quiero! No estoy seguro del todo pero creo que sí, que te quiero. Y lloro por perderte, por no haberte valorado lo suficiente, por no acabar de creerme que esa chica que tanto esperaba eras TÚ!

Y ahora tengo miedo. Tengo miedo a ver cualquier noticia relacionada con Valencia en la televisión. A ver la revista MondoSonoro y ver en ella la publicidad del Kafka o de La Gramola, donde tan buenos ratos pasamos, donde compartimos nuestra última cerveza y donde sonreímos juntos por última vez. Tengo miedo a ir a San Fermín, a ir al Sonorama, a incluso poder encontrarte en Madrid cualquier fin de semana. Tengo miedo a verte comentar algo en Facebook, a ver tu perfil de Instagram, e incluso a encontrarte en alguna foto del último concierto de Love of lesbian... Incluso tengo miedo a no ser lo suficientemente fuerte y algún día, alguna tarde de domingo marcar tu número de teléfono.

Este texto lo escribo con la esperanza de que lo leas algún día. Que sepas que es lo que se me ha pasado por la cabeza estos últimos dos meses. Como ves, muchas ideas sueltas y también muchas dudas. Creo que lo de las dudas y yo es la relación más duradera y estable que he tenido y que tendré en toda mi vida. Inherente a mí es poco. Lo siento! Siento todo, incluso este texto si algún día llegas a leerlo...


Y pierdo la conciencia cuando escucho como dices
"que sea cierto el jamás" ¡Oh, muérete!


Todas las promesas de mi amor se irán contigo, 
me olvidarás, me olvidarás.

(Nunca pensé que ellos me hicieran llorar tanto)